Perdición, 1944, Billy Wilder. Comentario de Rocío Portillo.
Interesante esta incursión de Billy Wilder en el género del cine negro, emulando a su admirado Hitchkock, como él mismo dijo. La historia tiene como protagonistas a Bárbara Stanwyck, Fred MacMurray y Edward G. Robinson.
Esta película en blanco y negro realizada en 1944 ha resultado ser buena en opinión de la mayoría, y desde luego es un clásico.
En cuanto a la temática, personalmente estoy "asustada" del creciente número de películas en las que aparece una"femme fatale" convirtiendo a un hombre hasta entonces de lo más decente en un intrépido y amoral criminal, dispuesto a matar, como en "Perdición", o casi...como en "La última seducción", esta última de nuestra época (conLinda Fiorentino y un cómplice que da risa más que miedo), encubrir, etc, por su amada. En la película "Perdición", el apuesto protagonista es un agente de seguros, encarnado por Fred MacMurray, compañero y amigo de unauténtico lince descubridor de fraudes que es interpretado por EdwardG. Robinson. Un día como otro cualquiera, el agente de seguros tiene la desgracia de toparse con la esposa de un cliente, en ausencia de éste, durante la visita comercial a su domicilio. La femme fatale de turno es Bárbara Stanwyck, a la que no encontré gélida, como había leído, sino cálida y sencilla, en mi opinión, con una mirada que brillaba cuando la dirigía a su cómplice. a mi parecer tiene gracia que el hombre haga todo eso por ella, ya que en esta película ni siquiera hay indicios de que lleguen a ser amantes...así que el pobrecito agente, que es un hombre muy bien parecido físicamente y hasta el momento el mejor de su empresa, se convierte en una piltrafa moral sólo por unas miradas seductoras de la Stanwyck...y cuando se desengaña no encuentra ninguna solución a su conflicto excepto disparar a quemarropa a la mujer que le ha llevado a su decadencia absoluta. Bueno, en conjunto, estos dos potenciales amantes parece que sólo supieran matar. Así, el desenlace de la película (espero que no lo lean quienes aún no la hayan visto) no es nada digno, salvo por el pequeño o gran gesto de generosidad de MacMurray que le dice la verdad al novio de la hija del hombre al que asesinó, para que vuelva a quererla y se vaya en su busca. Después, su confesión a través de ese magnetófono, y finalmente la conversación agonizante con su amigo: "Alguien ha movido el ascensor unos kilómetros de aquí." Y la frase, antes de broma, ahora sentida: "Yo también te quiero." Todo esto pone fin a una trama de suspense aunque desde el principio se sabía quiénes eran los culpables, y es el cómo, cuándo y por qué, la forma de suceder las cosas, lo que importa.
Reconozco que mientras veía el film, por dentro me decía: "¡Pero ¿qué hacen?!, ¡están locos!". Sí, supongo que la moralista que hay en mí estaba algo espantada aunque se tratase de una película, al ver cómo un hombre y una mujer llegan a matar a otro ser humano por pura codicia. Y es que así es el cine negro, tiene eso que nos seduce con la intriga y aquello que nos repugna emocionalmente, como en este título tan apropiado: "Perdición."
